LA MONSTRUOSIDAD HECHA LEY

Cristiana Chamorro

Bajo la mirada amenazante de policías antimotines; muchos obligados a reprimir para conservar su empleo, me presenté el pasado jueves 17 de diciembre a las instalaciones de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para interponer un recurso por inconstitucionalidad frente a lo que el régimen llama Ley de Regulación de Agentes Extranjeros, y que en la práctica es una monstruosidad hecha ley.

Los antimotines que nos asediaban son jóvenes convertidos en instrumentos de represión, obligados por la necesidad de la sobrevivencia a disfrazarse con ridículos trajes de guerra, bajo un sol inclemente, sabiendo que son mal pagados por el trabajo indigno que les toca cumplir.

Presenté el recurso sumándome al clamor nacional de tener una Navidad sin presos políticos en este tercer año en que varias familias nicaragüenses no van a poder sentarse con sus padres, hermanos o hijos. Siguen presos porque dos personas enfermas de poder, Ortega y su mujer, pretenden decidir la suerte de toda Nicaragua.

Lo hice también como parte de otros ciudadanos nicaragüenses que desde la sociedad civil, trabajan por el bien común de Nicaragua. Me refiero a organizaciones sociales como la Fundación Violeta Chamorro, que surgió al finalizar el gobierno de mi madre Violeta Barrios; del que salimos con la convicción aprendida de que las tareas del desarrollo no dependen únicamente de los gobernantes, sino que la ciudadanía organizada, de la mano de la cooperación internacional, estamos llamados a desarrollar iniciativas cívicas y ejercer la responsabilidad social, como lo hacemos nosotros en defensa de la libertad de expresión y el acceso a la información pública.

La monstruosidad de esa ley es que, por servir a Nicaragua desde la sociedad civil, pretenden acusarnos de delincuentes y enemigos de la patria. Además, viola el respeto a nuestra dignidad como ciudadanos porque nos obliga a registrarnos como “agentes extranjeros” e implícitamente nos declara “traidores a la patria”.

Por otra parte, esta ley estigmatiza a los donantes extranjeros a quienes de entrada los cataloga de enemigos de Nicaragua y presuntos autores de actos ilegales en contra del país, siendo los mismos donantes quienes, a través de convenios bilaterales, llenan las arcas de muchas instituciones del Estado. En buen lenguaje nicaragüense: “Se beben la leche y maldicen la vaca”.

La monstruosidad, copia aumentada de la Ley Putin, es tal que incrimina el derecho de asociación a jóvenes, productores, mujeres, órdenes religiosas, intelectuales, artistas y cualquier grupo de ciudadanos que quiera organizarse para trabajar en beneficio de sus comunidades. Pretenden impedir la participación ciudadana en igualdad de condiciones y quitarnos el derecho constitucional de postularnos a cualquier cargo público, elegir en libertad a candidatos de preferencia, afectando el principio de la democracia representativa, y con ello, la legitimidad democrática de todo el sistema político. La ley de Agentes Extranjeros es tan siniestra que hasta recrimina la solidaridad.

Desde que los “obedientes” diputados sandinistas aprobaron ese adefesio jurídico no he dejado de pensar en lo que más me impresionó cuando leyeron el testamento público de mi padre, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, asesinado en 1978.  Y es la parte que dice: “Siempre he amado y servido a mi Patria, pero una de las mayores ofensas recibidas, más allá de las prisiones y torturas, fue que me acusaran de traidor a la patria, cargo que considero tan falso que durante el juicio militar que me siguieron, no se me ocurrió defenderme. Traicionar es vender, entregar al enemigo lo propio, pero ofrecer la vida para que el pueblo tenga un gobierno justo y honrado, es ser patriota. Lo contrario es ser traidor”.

Por eso, cuando un periodista me preguntó si desde la Fundación Violeta Chamorro vamos a inscribirnos como “agentes extranjeros”, le contesté: “Los traidores son los que convierten su monstruosidad en leyes, se esconden detrás de los antimotines, no dan la cara ni para solidarizarse con los hermanos de la Costa Caribe, devastada por los huracanes. Los patriotas salimos con la frente en alto, a la luz del día y aquí estamos para que ¡Nicaragua vuelva a ser República!”

Fuente: Fundación Violeta Chamorro